El PRD actuará sin contemplaciones contra la corrupción de adentro y de afuera

Leonel Godoy Rangel*

Este VIII Congreso Nacional se realiza justo en el momento en que nuestro partido atraviesa por la mayor crisis de su corta historia.

Lo ocurrido cimbró nuestras estructuras, nuestras conciencias y nuestros principios, porque nos pegó donde más nos duele: en nuestra lucha por la transparencia, la ética y la honradez.

Es tiempo de hacer una profunda reflexión sobre nuestro pasado y futuro, partiendo de reconocernos autocríticamente en nuestros errores y aciertos, con espíritu propositivo.

Somos herederos de la mejor tradición histórica del pueblo de México, que luchó por nuestra independencia para legarnos libertad en 1810; de los liberales que, como Juárez y Ocampo, impulsaron la Reforma y la defensa de la República; de Zapata, Villa y Madero, que en la gesta revolucionaria de 1910 lucharon por la tierra, los derechos sociales y el sufragio efectivo; y abrevamos en el cardenismo que, acompañado del pueblo, expropió la industria petrolera, nacionalizó ferrocarriles y profundizó el reparto agrario. Nos nutrimos de los movimientos sociales de los años 60 y 70, herederos de los socialistas que incluso nos legaron su registro.

Con Cuauhtémoc Cárdenas encabezamos un vasto movimiento democrático hasta llegar al proyecto de izquierda que se ha convertido en una opción para millones de mexicanos.

La identidad de este partido, se encuentra en las mejores causas del pueblo de México.

Somos producto del esfuerzo de miles de simpatizantes y de la voluntad de millones de mexicanos, que han sostenido, con su trabajo y su voto, este proyecto que se ha convertido en patrimonio de la sociedad y que nadie tiene derecho a dilapidar.

Los recientes acontecimientos de corrupción a quienes más ofendieron fue a la sociedad y a la militancia, cuyo único patrimonio es su honestidad, sacrificio y entrega al trabajo partidario sin intereses personales. Todos nos sentimos avergonzados.

Nuestra imagen institucional fue amenazada por conductas de militantes que, de manera individual, realizaron actos contrarios a la legalidad, que corresponde a las autoridades investigar y castigar. Nosotros ya actuamos.

En esos difíciles días nuestro proyecto fue puesto a prueba. Debemos convocarnos a una renovación a fondo, porque si algo caracteriza a los perredistas, es su compromiso con la verdad. A diferencia del PAN, el PRI y el Partido Verde, el de la Revolución Democrática reaccionó con apego a sus principios. El Comité Ejecutivo Nacional actuó con celeridad y firmeza, basado en la ley y nuestro Estatuto.

De esta forma, ratificamos ante la sociedad nuestro compromiso de luchar contra la corrupción y la impunidad, en favor de la legalidad y la transparencia.

Hemos tomado difíciles decisiones con compañeros entrañables porque por encima de los afectos o intereses personales o de grupo, está nuestro partido y México.

Hemos establecido la ruta, que quede claro a todos los perredistas: no consentiremos conductas que se aparten de nuestros principios y de la legalidad.

Que a nadie le quede duda, hoy y en el futuro, actuaremos sin contemplaciones contra la corrupción y la impunidad, adentro y afuera.

La presencia de Carlos Ahumada, Diego Fernández de Cevallos, senador panista, así como de servidores públicos de la Procuraduría General de la República y del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), en un hotel de esta ciudad, es más que una simple cadena de casualidades porque ahí estuvieron presentes a quienes les une un odio de todos conocido contra Andrés Manuel López Obrador y su proyecto de gobierno.

Además, el senador Cevallos aceptó públicamente asesorar a ese prófugo de la justicia, la PGR no ha podido explicar por qué otorgó un trato privilegiado a quien por ley no le correspondía, mientras que la Secretaría de Gobernación admitió que la diligencia se efectuó en un espacio pagado con recursos públicos asignados al Cisen.

Ante estos hechos, es evidente la confabulación de personajes del PAN y su gobierno con una clara intención de dañar políticamente nuestro proyecto y no de combatir la corrupción. No son adalides de la transparencia y la democracia, sino mercaderes de la política.

Hay que señalar que nunca han mencionado ni presentado videos del ex delegado y candidato panista en Álvaro Obregón, Luis Zuno Chavira, quien mantenía una relación ilícita con Carlos Ahumada.

¿Alguien cree que no hay videos de panistas en las oficinas de Ahumada? Lo que sucede es que actuaron, y lo siguen haciendo, facciosamente, sin importarles usar para ello a órganos del Estado, como el Cisen y la PGR.

Hace falta una explicación a los mexicanos de lo que realmente sucedió el 20 de febrero. Exigimos al presidente Fox y al Partido Acción Nacional aclaren su participación en los hechos. Reclamamos al gobierno federal trato parejo en la procuración de justicia.

No es posible que después haber demostrado la transferencia ilícita de recursos del sindicato petrolero a las campañas priístas, el senador Ricardo Aldana haya evadido la justicia y Carlos Romero Dechamps siga siendo secretario general de esa organización sindical.

Tampoco podemos aceptar que no pase nada a pesar de que el Instituto Federal Electoral acreditó plenamente el traslado de dinero ilegal del extranjero a los Amigos de Fox y a las campañas panistas. ¿Y qué podemos decir de la ratificación del "niño verde" como presidente de su partido? Urgen respuestas y esta asamblea debe exigirlas. En este congreso se abre una nueva etapa en la vida del partido hacia una reforma de largo alcance, que ya teníamos planeada realizar desde antes de la crisis, con mayor razón ahora.

Requerimos aprobar normas que prevean y sancionen conductas apartadas de nuestros principios.

Tenemos que construir un acuerdo donde los dirigentes, gobernadores, legisladores y presidentes municipales se comprometan con la transparencia y la imparcialidad, tanto con relación a los procesos partidistas internos como en el ejercicio de la función pública. Seamos ejemplo de buen gobierno y de dirección política.

Pido como una aportación de este congreso que garanticemos imparcialidad y facultades suficientes a nuestros órganos internos de elecciones, jurisdiccionales y de fiscalización; por ello sus miembros no deben pertenecer a ninguna corriente interna. Éstas deben transformarse de grupos de presión en corrientes de opinión.

Nuestra reforma estaría incompleta, si no prevemos mecanismos que eviten prácticas corporativas y clientelares en nuestros procesos internos y que recursos de dudosa procedencia se usen indebidamente.

A fin de establecer una comunicación fluida entre el partido y los gobernantes surgidos del mismo, es necesario que acudan periódicamente a los órganos de dirección partidista en su nivel respectivo.

No podemos concluir este congreso sin definir mejor y de manera más clara la relación entre el partido y sus gobiernos.

Todos los militantes, sin excepción, tenemos la obligación de acudir a las instancias partidarias y acatar sus resoluciones.

Debemos estar conscientes de que no bastará con tener nuevas y mejores normas internas, si éstas no se acompañan de la decisión política de sus dirigentes y militantes para cambiar las prácticas que nos han dañado. Requerimos de la voluntad colectiva para hacer del Estatuto nuestro código de ética.

Después de la alternancia lograda en el 2000, la transición a la democracia entró en un periodo de estancamiento en el que aún se encuentra, porque no hubo la voluntad del gobierno federal para impulsar la reforma del Estado necesaria para consolidar un nuevo régimen democrático.

El entorno nacional está enrarecido principalmente por la desatinada conducción del ejecutivo federal que, obstinado en sus políticas económicas, ha dejado de lado su compromiso de terminar con las estructuras del viejo régimen autoritario.

El PRD tiene el compromiso de profundizar el cambio político. Luchamos por poner fin al régimen anterior, y ahora no dejaremos de insistir en la construcción de un nuevo acuerdo que consolide la democracia, asegure la pluralidad y permita el fortalecimiento de las instituciones públicas.

Actualmente la contienda electoral se ha pervertido, las elecciones son cada vez más caras; los candidatos necesitan del dinero para competir, se ponen en manos de los grandes intereses económicos y con ello pierden autonomía de decisión.

También reciben dinero de manera ilegal de parte de quienes esperan conseguir contratos o impunidad. Prácticas como estas se desprestigian a la política y los ciudadanos dejan de participar.

Tenemos que avanzar en una reforma electoral que reduzca los tiempos y gastos de campaña, perfeccione la fiscalización del origen y destino de los recursos de los partidos políticos, prohiba la utilización de las cuotas sindicales en las elecciones constitucionales, sancione a las personas físicas que violen normas electorales, otorgue —en calidad de prerrogativas— espacios en los medios de comunicación masiva e incluso considere la organización de las elecciones internas de los partidos por parte de las instituciones electorales.

Seguiremos promoviendo los derechos políticos plenos de los mexicanos en el exterior. El PAN y el PRI siempre se han opuesto, aunque nunca lo han reconocido públicamente. Los emplazamos a que se decidan ya y apoyen estos reclamos legítimos.

Para dotar de autoridad moral a los árbitros electorales es necesario desvincular a los partidos políticos de la integración de sus órganos, por lo que es necesario un nuevo método de elección de los consejeros electorales.

Hoy volvemos a reiterar una vieja demanda del PRD: la posibilidad de las candidaturas independientes en la competencia electoral.

Nuestro régimen político está fundado en un sistema de partidos, por lo que es un imperativo fortalecerlo y mejorar su funcionamiento mediante una ley de partidos políticos que obligue a todos a elegir democráticamente a sus dirigentes, transparentar el uso de sus recursos, así como a conducirse con ética política.

La corrupción no sólo se da a través del dinero, sino que también está presente en la perpetuidad de dirigentes, en el corporativismo que mediante la presión socava voluntades y en la cooptación a cambio de favores políticos.

Hoy más que nunca tenemos que reivindicar los principios que dieron origen a nuestro partido, reafirmar las causas con las que siempre hemos estado comprometidos y hemos defendido.

El Partido de la Revolución Democrática ratifica su alianza con el pueblo de México por una nueva política económica que impulse el crecimiento, la generación de empleos, la mejora del ingreso y del salario, el fortalecimiento de la agricultura y un desarrollo regional sustentable, justo y equitativo.

Estamos convencidos de la necesidad de una reforma hacendaria integral, que fortalezca las finanzas públicas de la federación, los estados y municipios; que combata la evasión, amplíe la base de contribuyentes e incremente la eficiencia recaudatoria.

Hasta ahora hemos sido el único partido que ha presentado una propuesta alternativa de reforma energética, en la cual el petróleo, el gas y la electricidad son factores constitutivos de la soberanía del país. Por eso reafirmamos que la competitividad, el fortalecimiento y modernización de este sector debe realizarse dentro del marco constitucional.

Refrendemos en este congreso nuestro compromiso con la defensa de los derechos individuales y sociales; con la educación pública gratuita, laica y obligatoria, con la obligación del Estado de garantizar el acceso a la salud, vivienda y a la seguridad social. La consolidación de los derechos de los niños, jóvenes, adultos mayores y de los pueblos indios.

Seguiremos promoviendo la equidad de género, la libertad sindical, la defensa de los derechos humanos y los derechos políticos y laborales de los migrantes.

En el ámbito internacional sostenemos el principio constitucional a la libre autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica de las controversias entre las naciones. Promovemos la globalización de la justicia, la riqueza, la igualdad, la salud y el bienestar de todos los seres humanos.

Vemos con esperanza los triunfos de la izquierda en América Latina y saludamos la victoria socialista en España. Hoy nuevos vientos soplan a favor de la izquierda en el mundo, México no será la excepción.

En su momento superamos el mayor acoso del régimen de partido de Estado, encabezado por Carlos Salinas de Gortari; participamos en las memorables jornadas cívicas por la defensa del voto, conscientes de que defendíamos las libertades fundamentales de los mexicanos por una vida digna y una sociedad más democrática.

Nos sentimos orgullosos de ser perredistas, porque actuamos de manera distinta y porque estamos seguros que las causas que defendemos son justas, porque tenemos propuestas y argumentos, porque tenemos historia, porque hemos actuado por convicción, por eso estamos con la frente en alto ante los mexicanos.

Muchos compañeros que iniciaron esta lucha junto con nosotros, no están hoy aquí porque víctimas de la represión, ofrendaron su vida por una patria digna e independiente. En memoria de esas mujeres y hombres, tenemos que seguir reclamando justicia y continuar nuestra lucha.

Ya vimos que los adversarios a los que nos enfrentamos no están dispuestos a que un proyecto alternativo de nación se instaure en México. Por ello es necesario que las fuerzas de izquierda y progresistas iniciemos un esfuerzo político para constituir un amplio frente social, con programa y compromisos, que libre las batallas que están por venir.

Nuestro partido ha contribuido a las transformaciones democráticas en el país durante los últimos años, proclamando y defendiendo las mejores causas sociales, ejerciendo gobiernos exitosos, debatiendo en las cámaras, presentando propuestas para resolver los grandes problemas nacionales.

Con el ánimo renovado los perredistas vamos a luchar por los votos, conquistando triunfos en las elecciones locales de este año, y las del 2005, preparándonos para ganar en el 2006.

Proponemos crear la comisión para la transformación del partido, que coadyuve con los órganos de dirección en este proceso, que inicia con este congreso nacional y que concluirá en el IX Congreso de marzo de 2005.

Porque pretendemos construir una verdadera alternativa de poder, no basta con tener un buen candidato. Es indispensable, construir un partido capaz de vertebrar y apoyar al nuevo gobierno, que promueva sus cuadros no en función de su utilidad para las corrientes, sino de su calificación de servir al país con ética y eficacia.

También proponemos crear la comisión especial investigadora conforme al resolutivo del pleno extraordinario del V Consejo Nacional celebrado el 6 de marzo en Morelia, que entre otras cosas reciba cualquier denuncia de corrupción relacionada con los escándalos actuales y que retome en lo posible las recomendaciones de la comisión de legalidad y transparencia.

Proponemos una nueva era partidista en donde se cumpla con la legalidad interna, por ello debemos aprobar una nueva normatividad para la existencia y la actuación de las corrientes políticas a fin de que contribuyan al fortalecimiento del partido. Proponemos la disolución de las actuales corrientes para que se constituyan, si así lo desean, en verdaderas corrientes de pensamiento. De la misma manera, no se deben permitir poderes fácticos al margen de la institucionalidad partidista.

Solicitamos un voto de confianza para conducir este proceso que será complejo y profundo, para tener el partido que México necesita.

Refrendamos nuestro compromiso de seguir luchando, por la transparencia, legalidad y la justicia, al interior del partido y en México.

Hoy más que nunca militantes, dirigentes, gobernantes y representantes populares estamos obligados a encarar los desafíos que el momento histórico nos impone. Hoy más que nunca debemos actuar con responsabilidad y unidad.

Hacemos un llamado a todos los perredistas, a los inconformes, a los críticos, a los reticentes, a los militantes de base a sumarse a este esfuerzo de transformación de una izquierda democrática que debe de ser el Partido de la Revolución Democrática.

Solicito a este congreso soberano ratifique la ruta establecida por nuestro Consejo Nacional: primero la organización partidista, mucha organización; enseguida nuestro programa que se concluirá en el congreso de marzo del 2005 y, finalmente, elegir democráticamente a nuestro candidato o candidata presidencial.

No quiero concluir, sin hacer un reconocimiento a todas y a todos los militantes, a quienes lograron que este partido se fundara, viva y triunfe. A quienes han refrendado su militancia y han respaldado al proyecto de nación que impulsamos.

¡Transformemos al PRD!

¡Viva el PRD! ¡Viva el PRD! ¡Viva el PRD.

¡Viva México!

¡Democracia ya, patria para todos!

 

* Presidente Nacional del PRD; texto íntegro del discurso pronunciado en el acto de inauguración del VIII Congreso Nacional del partido. México, D.F., 26 de marzo de 2004.