El PRD pertenece a todos

Leonel Godoy Rangel*

Este es un día memorable para los mexicanos todos, y para los perredistas en especial. porque las fuerzas mexicanas derrotaron al imperio francés, demostrando que un pueblo unido y un presidente patriota, son capaces de cualquier hazaña, y los perredistas celebramos esta gesta heroica y la fundación de nuestro partido.

Efectivamente, hoy cumplimos 15 años de haber fundado al PRD.

En 1988 el Frente Democrático Nacional, con Cuauhtémoc Cárdenas, encabezó el gran movimiento social que recorrió el país llevando esperanza a millones de mexicanos, quienes se volcaron a las plazas. Por eso el 6 de julio de 1988, nuestro proyecto ganó las elecciones presidenciales. Sólo el fraude electoral y la fuerza del Estado, impidieron nuestra llegada al poder para ponerlo al servicio del pueblo.

Por eso el 21 de octubre de aquel año el ingeniero Cárdenas hizo un llamamiento a constituir un partido. Entonces decía: "nos proponemos promover la democratización de la sociedad y de las instituciones estatales. Defenderemos y haremos respetar el voto ciudadano. Lucharemos por la liberación de los sindicatos y organizaciones de trabajadores, campesinas y populares de toda burocracia corporativa y del corporativismo estatal. Pondremos un alto a la destrucción consciente y sistemática de las instituciones y creaciones de la Revolución Mexicana: el ejido, la cooperativa, el contrato colectivo de trabajo, el sindicato, la empresa pública en las ramas donde nuestra independencia económica la hace imprescindible. Nos empeñaremos por su mejoramiento integral".

Muchos de estos objetivos están vigentes y reclaman definiciones a tono con los tiempos actuales.

El 5 de mayo de 1989 se constituyó el Partido de la Revolución Democrática con la conjunción de fuerzas diversas, corrientes heterogéneas y partidos políticos de izquierda, entre ellos el Partido Mexicano Socialista que le otorgó su registro.

Por fin, el gran movimiento social se fundió en un nuevo partido, encauzando una protesta popular generalizada, que sin la convicción de sus fundadores, de luchar por la democracia, dentro del marco constitucional, hubiera desembocado sin duda, en un enorme estallido social. Esa fue su gran virtud: contenido social y buscar el cambio por la vía pacífica, la vía electoral.

Con la fundación del Partido de la Revolución Democrática, surge la confrontación con el gobierno espurio de Carlos Salinas de Gortari, quien creía que la democracia mexicana podía darse con un sistema bipartidista, muy parecida, por cierto, a la visión actual de un sector del foxismo. Por eso buscó aniquilarnos como opción política.

En este contexto, en julio de ese mismo año se realizaron simultáneamente elecciones en los estados de Baja California y en Michoacán. En el primero, el gobierno salinista reconoció el triunfo del Partido Acción Nacional, mientras que en Michoacán instrumentó en contra nuestra, nuevamente, un fraude electoral acompañado de represión política. Ahí se vio cual sería la actitud de Salinas, en su mandato, contra el Partido de la Revolución Democrática.

Durante ese sexenio el PRD fue estigmatizado de violento. Es cierto, marchamos, tomamos presidencias municipales, bloqueamos carreteras y pozos petroleros, organizamos éxodos por la democracia en Tabasco, Michoacán y Guerrero, todo por luchar por la democracia, por que el voto contara y se contara. Fue una lucha justa, con métodos que en esa época eran justificados, ya que se realizaban de manera pacífica y por que no había otros instrumentos para defender el sufragio.

Concluido el salinato llegaron los triunfos electorales del partido en el Distrito Federal, Zacatecas, Tlaxcala, Baja California Sur, Michoacán, Guerrero y Tabasco.

Ganamos muchos municipios, muchos síndicos, regidores y muchos diputados locales y legisladores federales. Pero también dio inicio nuestro lento pero continuo alejamiento de las luchas del pueblo y de nuestros principios.

También, durante estos 15 años, con nuestro esfuerzo y sacrificio, el país conquistó garantías democráticas que no existían antes y avanzó en la lucha, aún vigente, del respeto al voto ciudadano. Sin embargo, la obra de los demócratas mexicanos no está concluida. Vivimos aún una transición inacabada. En México se siguen produciendo factores de desigualdad en las contiendas electorales. Asimismo, muchas de las instituciones públicas no han sido reformadas y siguen funcionando igual que antes aún cuando ha cambiado el partido en el gobierno.

Durante estos años de vida, nos dio cohesión como proyecto político, nuestra identidad con la mejor tradición de lucha del pueblo mexicano: en la Independencia con Hidalgo y Morelos; con los liberales como Juárez y Ocampo; con Zapata, Villa y Madero que combatieron por la democracia y la justicia social. Nos ha inspirado el ideario cardenista, que supo convertir la utopía revolucionaria en acción de gobierno.

El PRD heredó las convicciones revolucionarias de Rubén Jaramillo, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas; la voluntad democrática de los ferrocarrileros, los maestros y los electricistas que protagonizaron jornadas por la insurgencia sindical; la entrega y la pasión de lucha de los estudiantes del 68; la decisión de autogobernarse de la sociedad que surgió de los sismos de 1985 y la experiencia de las organizaciones comunistas y socialistas, de la izquierda revolucionaria. Somos la síntesis histórica del México progresista, liberal, nacionalista y de izquierda.

La identidad de este partido, compañeras y compañeros, se encuentra en las mejores causas del pueblo de México.

En 1988 se inició una nueva etapa de unidad y lucha de la izquierda, decidida a convertirse en mayoría y ser gobierno. Comprendimos que había llegado el momento de disputar la conducción de los destinos de la nación. El régimen de partido de Estado daba claras muestras de agotamiento.

La derecha, por su parte, ofrecía soluciones limitadas. Era la hora de que la izquierda superara sus limitaciones y nos decidiéramos a dar un paso cualitativamente distinto.

No sólo nos unió un candidato. Fue también la realidad política de México. La visión de que la época del Partido Revolucionario Institucional estaba terminando y de que no podíamos ni debíamos dejar que la derecha se quedara sola en la disputa por el poder.

Al unificarnos sabíamos que no podríamos repetir nuestras concepciones programáticas ni imponer nuestras ideologías. Fuimos conscientes de que algo nuevo, inédito tendría que surgir. Y así fue posible fundar el Partido de la Revolución Democrática.

La presidencia espuria de Carlos Salinas de Gortari llevó a su extremo la corrupción, las políticas neoliberales y la represión contra el PRD y el movimiento social. Pero principalmente, abandonó los principios que nos cohesionaron, producto de una gran revolución social. Durante todo ese sexenio sobrevivimos dignamente, nunca cedimos en nuestros principios ni aceptamos componendas. Muchos compañeros sufrieron las consecuencias de la represión: trabajadores, campesinos, integrantes de pueblos indios y profesionistas. A ellos, hoy como ayer, les rendimos homenaje a los que ofrendaron su vida, a los que encarcelaron y a todos los militantes anónimos que con su sacrificio y abnegación han construido este gran proyecto.

Desde nuestro origen proclamamos la necesidad de instrumentar una política económica y social alternativa y una forma radicalmente nueva de vincularnos al mercado mundial preservando derechos sociales, ambientales y laborales del pueblo de México.

Frente al proyecto neoliberal hemos formulado una propuesta energética soberana. Nos oponemos a la privatización del petróleo, la electricidad y la petroquímica. La riqueza nacional es patrimonio del pueblo, no aceptaremos su enajenación.

Tenemos una propuesta de política exterior integral, congruente con los principios constitucionales y las mejores tradiciones de soberanía, autodeterminación de los pueblos y defensa del interés nacional.

Proclamamos el reconocimiento pleno de los derechos de los pueblos indios, dentro de una sociedad democrática, que permita a una porción fundamental y fundacional de nuestra nación incorporarse en forma viva y activa al desarrollo del país.

Ahora no sólo luchamos por una democracia política y electoral, sino que postulamos una democracia participativa, con sentido social y de genuina orientación popular enraizada en nuestras mejores tradiciones.

Hemos hecho una propuesta de reforma política porque creemos en la democracia, porque sabemos que ésta no está consolidada, que necesita fortalecerse. Los riesgos de regresión son muchos. Somos un partido que ha insistido en la búsqueda de los acuerdos políticos que den rumbo a la nación y que concluyan la transición democrática.

Está visto que contra la corrupción nunca se debe bajar la guardia. La corrupción adopta innumerables formas. La sociedad rechaza principalmente las más evidentes, como aquellas que se exhiben en los videos; en cambio, no percibe con suficiente claridad los delitos de "cuello blanco" realizados a través de transferencias electrónicas de fondos o transacciones bancarias, como sucedió con los cientos de millones de dólares que recibieron los "Amigos de Fox" para financiar su pre campaña y campaña presidencial; los miles de millones de pesos que con recursos de Pemex canalizó el sindicato petrolero a las campañas del Partido Revolucionario Institucional; las millonarias comisiones de traficantes de influencias y el atraco a la nación que representó el Fobaproa. En realidad, todos y cada uno de estos hechos son expresiones distintas de la corrupción.

Ninguna corruptela, ni las más grandes, ni las menores, ni las más evidentes, ni las encubiertas, deben ser toleradas en la nación; todas deben ser combatidas hasta sus últimas consecuencias.

La lucha contra la corrupción y la impunidad debe darse por convicción sea afuera o adentro.

El partido no se dividió como consecuencia de los escándalos, pero ha sufrido una crisis moral ya que nos afectó en lo personal y nos llenó de vergüenza e indignación.

Sin embargo, supimos actuar con rapidez, con convicción, con el Estatuto en la mano. Por eso hoy, estamos con la frente en alto. En esto, también nos distinguimos de otros partidos que no tuvieron la entereza de actuar adentro y que por lo tanto no tienen autoridad moral para enarbolar la lucha por la transparencia.

Somos nosotros quienes buscamos que la ley se aplique sin privilegios. Pero por desgracia no es esa la actitud del gobierno y su partido. Hoy ya no tenemos dudas sobre la confabulación de altos funcionarios del gobierno federal y destacados miembros del PAN, así como la innegable presencia en este plan de Carlos Salinas de Gortari para convertir los hechos ilícitos en instrumento político para golpear al PRD y al gobierno del Distrito Federal.

Lo vieron como botín político, no actuaron con institucionalidad. Por eso ahora están entrampados en sus propias maniobras, se les revirtió su juego sucio y empiezan a pagar las consecuencias.

Pero si bien desde el principio advertimos esta confabulación, también reconocimos la existencia de la corrupción en casa y nuestra voluntad y compromiso para erradicarla.

Esta crisis fue también oportunidad para revisar nuestras prácticas, de reconocer nuestros errores, de iniciar una profunda transformación. Cometeríamos un grave error si ahora nos detenemos en esta tarea de transformación y renovación. Esta labor comenzó casi el mismo día en que se dieron a conocer los escándalos, continuó con nuestro congreso nacional, seguirá en el próximo consejo nacional y culminará en el 2005 con la realización del IX Congreso del partido.

En este marco, se da el enfriamiento de las relaciones del gobierno foxista con el gobierno cubano. No fue por un enfrentamiento diplomático, son las declaraciones de Ahumada, las que sacaron de control al presidente Fox. Es la disputa contra nosotros, sus adversarios políticos, lo que los llevó a ese incidente internacional como cortina de humo, que ahora quieren convertir en complot de comunistas e izquierdistas contra los patriotas foxistas. ˇLos maximilianos quieren fusilar a los juárez!

Como los ataques no cesarán, porque seguiremos siendo una alternativa real para millones de mexicanos, le decimos a Vicente Fox que sin pretextos normalice nuevamente las relaciones diplomáticas con el gobierno cubano. México siempre ha sido el contrapeso histórico en los afanes hegemónicos de los gobiernos norteamericanos. No le conviene a Latinoamérica el debilitamiento de la región, es un riesgo para la seguridad de nuestras naciones. Urge restaurar estos equilibrios, nunca como ahora se deben aplicar nuestros principios constitucionales por la libre autodeterminación de los pueblos y la solución pacífica a las controversias internacionales. No admitimos injerencias de otros países en nuestros asuntos internos, tampoco podemos aceptar que otros lo hagan en naciones soberanas.

Ante estas actitudes ˇcómo extrañamos a patriotas de la talla de Benito Juárez y de Lázaro Cárdenas!, que defendieron las instituciones, la soberanía nacional y el Estado de derecho, que estuvieron en contra de los imperialismos y que actuaron y gobernaron para todos los mexicanos.

Mostremos la voluntad que no tiene el gobierno federal. Hay que darle estabilidad e institucionalidad a México. Nosotros vamos a hacer lo que nos corresponda, no vamos a escalar la confrontación a pesar de que no hay ninguna duda que los conservadores y la extrema derecha, no quieren un proyecto de izquierda, no quieren un proyecto que millones de mexicanos comparten. Aun en estos días de acoso contra nuestro proyecto, de quienes nos ven como enemigos y no como adversarios políticos, a pesar de que nos quieren aniquilar con la fuerza del Estado ˇcomo en el salinato!, nosotros proponemos abrir espacios de diálogo y búsqueda de acuerdos sobre los grandes problemas nacionales que urge resolver por el bien de México.

Nuestro Congreso Nacional cumplió su cometido, tenemos un nuevo Estatuto que contempla medidas profundas en materia de combate a la corrupción, blindamos el partido contra este mal; somos los primeros que regulamos las campañas internas. Nos planteamos la disolución de las corrientes internas para que se transformen en corrientes de opinión, además de que los órganos juridisccionales y autónomos se integren con miembros que no pertenezcan a ninguna corriente para garantizar su imparcialidad y legalidad, entre otras grandes reformas estatutarias.

El VIII Congreso Nacional realizó acciones profundas que son oportunidad para un cambio verdadero. Está la Comisión Especial para la Transparencia, la cual deberá investigar los casos donde se presuman actos de corrupción de miembros del PRD y retomar, en lo que corresponda, las recomendaciones de la Comisión para la Legalidad y la Transparencia.

Aprobamos también la creación de una Comisión para la Transformación del PRD. Esta comisión nacional, puede ser el gran instrumento que inicie un debate en el país para saber qué quieren los militantes, las fuerzas y personalidades afines a nosotros, los que se han alejado del partido, incluso los críticos de afuera. Puede ser el principio de esa transformación que reclama la sociedad, para recuperar su confianza y ser el gran partido que conduzca la lucha para echar del poder, de una vez y para siempre, a los neoliberales y derechistas, que en los últimos 22 años han llenado de pobreza y miseria a millones de mexicanos.

El partido, sin duda, debe transformarse, así lo habíamos decidido —por los nuevos tiempos del país—, después de la derrota del partido de Estado. Ahora con mayor razón por la crisis que padecimos, pero fundamentalmente por nuestro alejamiento paulatino de las luchas populares.

Por eso, como todo partido histórico, el Partido de la Revolución Democrática no pertenece a ningún grupo ni a los perredistas, sino a México, particularmente a la izquierda mexicana, a las causas de ésta, que son causas populares, democráticas y nacionales. Por esto podemos decir que un partido así no tiene derecho, como organización, a mantenerse en la parálisis ni a cerrarse a todas aquellas transformaciones políticas y sociales novedosas que surgen en la sociedad mexicana.

La unidad del Partido de la Revolución Democrática debe estar basada en el proyecto político que representamos, más allá de los intereses particulares y de grupos. Estamos obligados a actuar conforme a nuestros principios democráticos y a defender siempre nuestro proyecto alternativo de nación.

Iniciamos una nueva etapa de fortalecimiento institucional donde deben prevalecer nuestro estatuto y documentos básicos, la convivencia fraterna entre militantes y las decisiones colectivas. Este será uno de nuestros mayores desafíos en los próximos años.

El partido debe preservar nuestros principios pero también debe abrirse, cambiar, mejorar, ampliarse. Este es el reto político actual, pues no pretendemos ninguna exclusividad como izquierda o como expresión democrática.

El reciente congreso del Partido de la Revolución Democrática llamó a los demócratas con programa social a unirse en una confluencia nacional amplia para dar la lucha en favor de un triunfo de las fuerzas progresistas del país. Este instituto político es el esfuerzo unitario más importante y trascendente de las izquierdas.

Por tanto, debemos proseguir con la más amplia disposición a emprender los acuerdos que sean necesarios y a construir los instrumentos adecuados para lograr este propósito.

Debemos resolver también el problema de la relación con los gobiernos encabezados por nuestros militantes. El Estatuto obliga al partido a definir el contenido de las políticas públicas. Y los gobernantes perredistas deben aplicar el programa y las políticas generales del partido en el marco del más escrupuloso cuidado en la administración de la hacienda pública.

Un partido de masas de izquierda no busca colocar a ciertas personas en los cargos de representación popular, sino obtener posiciones de poder para que sus propuestas se conviertan en acción pública. De otra manera, carecería de sentido dar toda una lucha y llevar a cabo todo un esfuerzo para olvidar el programa y los principios a la hora de gobernar.

Tiene que crearse toda una forma perredista de gobernar y de actuar en las legislaturas locales y en el Congreso de la Unión para garantizar la línea política, la consistencia ideológica y el comportamiento ético que enorgullezcan a los militantes y votantes.

Es el cambio en la práctica política, en nuestra actitud cotidiana, en la acción ética interna, en la lucha leal contra el adversario, lo que nos hará un partido político con autoridad moral ante el pueblo de México.

La formación de cuadros políticos es otra de nuestras tareas pendientes. Nuestro programa no es todavía el dominante, las ideas que promueve el partido no alcanzan aún a ser comprendidas y compartidas por la mayoría de los ciudadanos. En esa lucha estamos y por tanto se requiere que nuestros militantes, nuestros dirigentes y nuestros representantes populares tengan una formación política que logre que en el discurso y la práctica se refleje nuestro proyecto e ideología.

La transformación de la sociedad no podrá ser sólo producto de un triunfo electoral. Aún más, los triunfos electorales son el inicio de los cambios y para lograr éstos se requieren dirigentes políticos capaces. El PRD debe distinguir a quienes defiendan mejor su programa y sus principios, a quienes desarrollen sus postulados.

Compañeras y compañeros:

El proyecto neoliberal se encuentra en decadencia frente al fracaso en términos de sus propios propósitos declarados. La pobreza no disminuye, el crecimiento económico no se alcanza, la expoliación sigue produciéndose. Las izquierdas deben dejar de hacer concesiones al postulado neoliberal y dedicarse a construir un poderoso programa de transformaciones sociales, económicas y políticas que abran un curso nuevo a las luchas históricas contra la opresión y la desigualdad social. Nuestro partido debe reivindicar frente a sí mismo su carácter de organización política para la transformación social y, por tanto, debe hacer un gran esfuerzo por entender el momento en el que está viviendo el mundo y nuestro país, para perfilar una alternativa más clara y con mayores posibilidades de avance.

El PRD es un partido de masas construido para la transformación del país y, en esa medida, es una opción real. Por esto, la preservación y actualización de su programa y sus principios, así como su naturaleza de partido abierto a la sociedad, constituyen tareas prioritarias.

Estamos convencidos de que el triunfo en el 2006 no dependerá solamente de tener un buen candidato, sino de nuestra capacidad para reconquistar territorios perdidos y fortalecernos en aquellos en que somos débiles; para definir un programa alternativo al neoliberalismo que sea atractivo, realista, creíble y convincente; para lograr la unidad con las organizaciones sociales y políticas de centro izquierda que reflejen una amplia y vigorosa alianza. En fin, un conjunto de tareas sustanciales no sólo para ganar votos sino también para modificar el escenario político de tal manera que un gobierno de la izquierda democrática pueda realizar las transformaciones que el país requiere.

Por eso resulta necesaria la refundación del Partido de la Revolución Democrática, para darle confianza y solidez a un gobierno de izquierda, para atraer a los empresarios comprometidos con el país, a los obreros y campesinos, a los jóvenes y a las mujeres. Para que juntos participemos en la construcción de un nuevo país. El proyecto de nación lo tenemos claro, es el modelo de un Estado democrático con responsabilidad social.

Construyamos juntos y entre todos una izquierda democrática, moderna, abierta, plural y tolerante, que defienda las mejores causas, sobre todo las de los pobres y marginados.

Proponemos al gobierno federal y a las otras fuerzas políticas que abramos ya espacios de negociación, consensos y acuerdos nacionales sobre temas urgentes: la reforma electoral y política, la reforma fiscal. No permitamos que naufrague la Convención Nacional Hacendaria, la reforma energética integral y el fortalecimiento de nuestro sistema de seguridad social, principalmente el de pensiones y jubilaciones.

Necesitamos detener la confrontación originada por el ataque sistemático a nuestro proyecto de izquierda. Que sea en las urnas en donde dirimamos nuestras diferencias. Que sean los mexicanos los que decidan cuál es la mejor opción.

Porque estamos seguros que representamos el anhelo de la mayoría de los mexicanos, hagamos realidad nuestro proyecto, convoquemos a muchos que piensan como nosotros, seamos el instrumento y no el fin, para la lucha por la democracia y la justicia social.

Somos la esperanza y el futuro de México, somos orgullosamente perredistas.

Conquistemos ese futuro con humildad, sin ánimo triunfalista, con organización, mucha organización partidista, con un gran programa de gobierno, con unidad y generosidad. No podemos fallarle al pueblo de México.

ˇViva el PRD! ˇVIVA MÉXICO!

 

* Presidente nacional del PRD; texto íntegro de su discurso pronunciado en el acto conmemorativo del XV aniversario del partido, efectuado el 5 de mayo de 2004 en la Ciudad de México.