Visión social, esencia de los gobiernos del PRD

Leonel Cota Montaño*

Tomo la palabra para expresarles, a nombre de los gobernadores del PRD, el saludo afectuoso.

Una de las grandes herencias, de enorme valor para el México de hoy, lo es sin duda su pluralismo, y el PRD ha sido el que constituye este gran contenido de México, nuestra herencia democrática, esa es nuestra ubicación histórica.

En 15 años, el Partido de la Revolución Democrática, por encima de sus propias limitaciones y de sus propias contradicciones, se ha nutrido de movimientos sociales, como lo fueron el cardenismo, los movimientos estudiantiles y las luchas democráticas diversas en el país, mismas que en esta fecha tenemos que reivindicar, que tenemos la responsabilidad de valorar en su más profundo contenido.

Mención especial merece el movimiento democrático del 1988, encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, que permitió reagrupar a todas las expresiones progresistas de nuestro país, que más tarde o más temprano nos hemos colocado en esta opción política.

El PRD no ha sido de elites, no ha sido de intereses económicos como los partidos políticos tradicionales, que confirman su mismo origen al compartir el mismo modelo. El mismo modelo económico, el mismo modelo social, el mismo modelo político, cambian para que las cosas sigan igual.

Esto es sin duda lo que hoy podemos observar en la conducción política del país. Tenemos que recuperar aquella expresión de Cuauhtémoc Cárdenas en el discurso inaugural del Congreso del Partido de la Revolución Democrática. Para empezar, queremos que nuestra organización sea un instrumento de la sociedad y no sólo de sus miembros y dirigentes. Más de un ciudadano ha aportado su vida en esta inspiración.

Hoy, a todos ellos los recordamos. Rendimos reconocimiento a todos los perredistas caídos en el camino, a los que perdieron la vida durante el periodo perverso del salinismo, a quienes como Heberto Castillo Martínez dieron consistencia a este proyecto. Sabemos que la mejor manera de honrarlo es levantando las banderas legítimas de las grandes causas sociales de los mexicanos, de los 60 millones de los mexicanos en pobreza.

Esta pobreza, sin duda constituye la más funesta herencia de los modelos neoliberales aplicados en el país. No podemos seguir gobernando con palabras y discursos. Los resultados negativos son más que contundentes.

Precisamente radica ahí la diferencia, mientras que los gobiernos tradicionales gobiernan con visión neoliberal, el PRD lo hace con visión social, atendiendo así los reclamos inmediatos de la sociedad contenidos por años y, a la par, establecemos políticas públicas para reducir el enorme pasivo social, al tiempo que construimos la infraestructura urbana y productiva que el desarrollo demanda. Ahí están las aportaciones que el perredismo le entrega al país.

El PRD gobierna en este momento a más de 24 millones de habitantes en México. Ya no sólo somos el partido crítico, virtud que no debemos perder, sino el partido constructivo y propositivo, el partido que hace gobierno, el partido que a través de 209 diputados locales tiene voz en los 32 Congresos Locales, en cabildos, en gobiernos municipales y en estados de la República, que tiene una verdadera presencia en el Congreso de la Unión con diputados y senadores construyendo con nuestro trabajo una opción distinta.

Hoy, los gobernadores que trabajamos con esta visión, podemos decir que se pueden hacer bien las cosas. Así lo hacemos en Michoacán con Lázaro Cárdenas Batel, en el Distrito Federal con Andrés Manuel López Obrador, en Tlaxcala con Alfonso Sánchez Anaya, en Zacatecas con Ricardo Monreal y muy pronto con Amalia García. En Baja California Sur también ya aportamos a este propósito.

Hoy gobernamos importantes municipios, como Acapulco y Nezahualcóyotl, Los Cabos y La Paz, y otros donde el PRD ha demostrado que tiene con que hacer buenos gobiernos. Ahí tenemos uno de los mayores retos: decirle a la población, expresarle con hechos, que se puede gobernar mejor.

El PRD debe ser congruente con el objetivo de ganar elecciones para recuperar la función superior del gobierno: servir a la sociedad, a las amplias mayorías excluidas de las políticas públicas. Estamos de acuerdo con aquella expresión de que democracia política sin democracia económica es sólo fantasía, y tenemos que ser congruentes con este propósito.

El PRD debe luchar por regresar el poder a los estados y los municipios, poder confiscado por la oligarquía de este país, que hoy igual que ayer se aferra a los privilegios que otorga el poder público centralista y arbitrario. En el PRD se ha levantado la voz para ratificar el federalismo democrático que incluya a las regiones, que incluya a los pueblos, que permita reconquistar la iniciativa perdida y mejorar los niveles de vida, porque estamos ciertos que el centralismo por un lado sólo ha generado pobreza y desconfianza, y por el otro permite y consolida privilegios y concentración de poder y riqueza en unas cuantas manos.

El PRD debe ratificar las causas de sectores amplios de la sociedad, como las mujeres, los jóvenes y los niños, negados por el modelo social que excluye y vulnera la equidad, palabra "equidad" que debe ser parte de todos los días de nuestros discursos y de nuestra propuesta diaria. Tenemos que reinvindicar el valor de nuestros derechos, de igualdad y la justicia. Tenemos que ratificar la propiedad social de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad, empresas del Estado que los gobiernos neoliberales ven como grandes negocios para unos cuantos, cuando justamente deben servir para promover la equidad y la igualdad entre regiones.

Desde cualquier trinchera de nuestra patria, los perredistas apreciamos el hecho de que nuestra dirigencia nacional no se convierta en cómplice ni en tapadera de nadie, que se investigue a quién tenga que ser investigado, que se juzgue a quien lo merezca y que se castigue a quien resulte responsable.

Justamente esto es lo que nos hace distintos del resto de los partidos políticos, que en circunstancias similares o peores se esconden, mayoritean, se coluden y cínicamente exhiben los resultados de sus complicidades. La sola mención de la cifra millonaria del Pemexgate y los Amigos de Fox les debería recordar que el buen juez por su casa empieza. Nosotros ya hemos sentado precedente. A todos los medios de comunicación les digo que no podemos quedarnos en el castigo de los delitos del fuero común, que por su naturaleza son burdos y ofensivos. Tenemos que lograr que se castigue a los delincuentes de cuello blanco que cuentan con abogados de lujo para su defensa. Tenemos que cambiar este país que ha iniciado esta marcha pero no debe quedar a la mitad del camino. Justicia es justicia y debe aplicarse con la misma dirección y en la misma dirección.

Respecto a Cuba, sólo una mención: estamos de acuerdo con la máxima juarista del "respeto al derecho ajeno es la paz". Dejemos en paz a Cuba.

Es tiempo de dejar atrás las discusiones coyunturales, debemos de pasar a las discusión trascendentales.

El peculiar tesoro de toda esta gran contienda lo es la nación, la verdadera disputa es por la República y los valores que la integran: o continúa en manos de las oligarquías con las consecuencias a todas luces vistas, o el pueblo instala un gobierno con verdadero sentido republicano y popular.

Esa es la verdadera disputa, construir un México digno, con instituciones que velen por la justicia del pueblo. Esta idea la propuesta histórica del PRD: construir instituciones para las mayorías. El México de hoy, además de una alta calificación en el sentido de nuestras convicciones, nos demanda una alta ética en el sentido de nuestras responsabilidades. Lo más grave que sería que el pueblo de México no cuente con una opción consistente de gobierno, que no cuente —rumbo al 2006— con un PRD sólido, firme, con un discurso verdaderamente adecuado para las condiciones que vive este país.

¡Democracia ya, Patria para todos!

 

* Gobernador de Baja California Sur; texto íntegro de su discurso pronunciado en el acto conmemorativo del XV aniversario del partido, efectuado el 5 de mayo de 2004 en la Ciudad de México.